La iglesia Postmoderna: un mosaico que se construye en la diversidad

Por: Ivelisse Valentín Vera

“A menos que la iglesia quiera convertirse en un pequeño enclave aislado que sólo hable a los suyos, necesitamos dar la bienvenida a la gente en particular a la mayoría sin-iglesia, con todas sus preguntas, incertidumbres, escepticismo y la honestidad, que requiere, en primer lugar, que les escuchemos sin juzgar y les entendamos sin condenar.”[1]

Al hablar de una noción de la iglesia en el siglo 21, debemos ir más allá de la definición de la iglesia de la Confesión de Augsburgo como una “asamblea de los santos en la que el Evangelio se enseña puro y los sacramentos son administrados correctamente”[2]. Hoy en día, la imagen de un mosaico, colorida, viva y variada; potente y compleja, pero paradójicamente simple, parece más apropiada para ilustrar una noción emergente de lo que es iglesia. La iglesia del futuro remplaza la “enseñanza” unilateral con el aprendizaje interactivo y el “administrar” los sacramentos con una experiencia participativa y comunitaria. El pluralismo y la diversidad ya no están relacionados a las doctrinas que demonizan sin embargo, ahora son plataformas fundamentales sobre la cual construimos una noción de iglesia pertinente, viva y profética; “ahora necesitamos apertura de espíritu y creatividad para evaluar las necesidades de generación contemporánea y las futuras, y planificar un método de preparación ministerial y organización que sea apropiado ”[3].

Como señala Ted Peters ”a medida que avanzamos en la era postmoderna, incluso la autoridad delegada debe ser reemplazada gradualmente con las redes”[4]. Como parte de una sociedad postmoderna emergente, las personas experimentan a Dios a través de relaciones, conectividad y experiencias personales multi-sensoriales en lugar de la certeza racional o de imposiciones jerárquicas y doctrinas religiosas. La pasividad ha sido sustituida por la experiencia y la participación, así como la espiritualidad ha trascendido a la religión.

Avery Dulles señaló que “la Iglesia tendrá que hacer ajustes para sobrevivir en la sociedad del futuro y para hacer frente a los miembros de esa sociedad con el desafío del Evangelio”.[5] Desde 1974, Dulles había identificado cinco tendencias en la historia de la iglesia causadas por el impacto de la secularización, que predijo que continuaría; y los que veo como parte de los factores determinantes de un cambio hacia una noción emergente de iglesia que es contextual, sensorial y participativa, en lugar de los modelos tradicionales de la iglesia que han sido determinados por una herencia eclesiástica, doctrinal y teológica.

Estas cinco tendencias son: modernización de las estructuras (la tarea del cristianismo será armonizar un tipo apropiado de funcionalidad y responsabilidad con la idea evangélica de la función pastoral como una representación de la autoridad de Cristo), interacción ecuménica (encontrar métodos para superar las divisiones heredadas de la tradición para que cristianos de diferentes denominaciones puedan encontrarse unos a otros una vez más como una misma comunidad de fe, en diálogo y adoración. Ante la imposibilidad de una plena reunión puede haber muchas posibilidades de reconocimiento mutuo, de acuerdos doctrinales, de adoración conjunta y de cooperación práctica); el pluralismo interno (la iglesia debe descentralizarse y entrar en la vida de las diferentes personas), provisionalidad (la iglesia no debe convertirse en una mera reliquia o una pieza de museo, debe demostrar que es capaz de responder de forma creativa a las demandas de los nuevos desafíos y las generaciones venideras ) y voluntariedad (cualquiera y en cualquier momento debe tener la opción de salir de la iglesia sin temor a sanciones legales o sociales. La iglesia tendrá que gobernar más por persuasión y menos por la fuerza).[6]

Las imágenes que hemos extraído de la Biblia se han convertido en símbolos, que permiten relacionarnos con lo Intangible y Trascendente, con lo Sagrado, las cuales a su vez moldean nuestras nociones de Iglesia. En mi idea de la diversidad y la pluralidad, la iglesia encuentra un lugar en la Mesa donde el Pan y el Vino nos unen como parte del Cuerpo de Cristo. Imágenes tomadas de la Biblia se convierten en símbolos de nuestra fe, y finalmente, dan forma a nuestras ideas. La iglesia como creadora de una sociedad homogénea, ya no se sostiene. Hoy en día la importancia y vitalidad de la iglesia parece depender de la libertad, el consenso y el diálogo en lugar de la fuerza, el absolutismo y el juicio. El pluralismo y la diversidad parecen ser las teselas (azulejos) de este mosaico, que da forma visible al cuerpo de Cristo, y construye el rostro de Dios en el mundo a partir de piezas individuales. Durante siglos, la Iglesia trató de crear una sociedad homogénea, lo que refleja su modelo, en la actualidad las nociones de iglesia deben surgir de un diálogo con la sociedad en lugar de una imposición.

Llegar a algunas conclusiones acerca de las nociones de la iglesia en el siglo 21 no es tarea fácil. Ser capaz de definir una noción de Iglesia sin tomar la “vía negativa” podría ser el enfoque más difícil, pero el resultado de visitas a métodos alternativos de congregarse como lo son por ejemplo, las iglesias “online”, ha hecho que me enfoque en lo que resuena en mí corazón y el de otras personas, y que hace que respondan y se conecten con cualquier modelo o noción de la iglesia diferente al que acostumbramos y se sienten llamados por Dios. Algunas iglesias de éxito en la internet en los Estados Unidos se destacan por su énfasis en las relaciones y las historias personales. Otros parecen más como una adaptación contemporánea del modelo institucional con énfasis en el Kerygma (proclamación) que podría conducirles hacia el fundamentalismo a pesar de la utilización de los medios de comunicación postmodernos. Independientemente de nuestras preferencias, diversidad de opiniones o preocupaciones, cada mega-iglesia o iglesia con una fuerte presencia en la internet trata con alguna de las cinco tendencias que Dulles predijo hace más de 50 años como resultado del impacto de la secularización: la modernización de las estructuras, la interacción ecuménica , el pluralismo interno, la provisionalidad y la voluntariedad.

Utilizo el mosaico como símbolo para ilustrar un concepto de iglesia del siglo 21, ya que cada pieza tiene una vida e identidad propia, pero la imagen en el mosaico no puede verse completa sin esa pequeña y particular loseta. Durante siglos, el modelo institucional de iglesia ha intentado probarle a la sociedad que no podemos vivir sin la iglesia, pero ese tiempo y esa idea es ahora cosa del pasado. La sociedad secularizada le ha demostrado a la iglesia que puede bien vivir sin un modelo institucional de la iglesia. Si esto es así, ¿qué podemos hacer ahora?

Una noción, no un modelo, sacado de la experiencia, las relaciones y la conexión podría hacer que la iglesia sobreviva el impacto del secularismo y la resistencia de la generación moderna a la relatividad de la sociedad post-moderna emergente. Refiriéndonos a la tendencia de provisionalidad de Dulles, nuestra noción de iglesia debe proveer un espacio para responder creativamente a los retos y necesidades de las generaciones emergentes. Esto incluye el uso de los medios contemporaneos de comunicación y de conectividad sin demonizar o subestimarlos.

Según el Evangelio de Marcos, Jesús habló a la gente de su tiempo en muchas parábolas de manera que pudieran entenderle (Mc 4:33). Jesús mismo contextualizó el mensaje utilizando los medios necesarios para poder comunicarlo. Es en Jesús que encontramos la respuesta a los desafíos de desarrollar una nueva noción de iglesia. Wesleyanos y Metodistas podrían decir que la tradición, las escrituras, la experiencia y la razón pueden ser la clave, y muy bien puede ser parte, pero Jesús sigue siendo la piedra angular y soporte que mantiene la unidad de la iglesia en medio de la diversidad. La imagen de Jesús como pastor nos conduce hacia una noción de iglesia con una misión importante de acompañar y cuidar, en tanto la imagen como maestro nos lleva a una noción de iglesia con énfasis en la transformación a través de un pensamiento reformado. Aun así, algunas lagunas deben llenarse con las imágenes del Buen Samaritano, el Pan y el Vino. En el Buen Samaritano, el Pan y Vino se encuentran los símbolos de una fe inclusiva, salvífica y llena de esperanza a pesar de nuestras diferencias, faltas o pecados. En los símbolos de la fe cristiana encontramos el amor de Dios, incluyente para todo ser humano sin distinción de raza, nacionalidad, sexo, orientación sexual, política o religiosa.

Más que una noción de iglesia, ésta es la comunidad de discípulos hacia la que los evangelios nos guían: una iglesia donde laicos y clero puedan participar sin divisiones jerárquicas, donde la evangelización y la misión se lleve a cabo sin la intención de hacer proselitismo, donde la membresía no limite o restrinja, y donde los sacramentos no se administren con excepciones; lo suficientemente maleable para abrazar sin distinción, pero firme cuando se ven amenazados los valores del Reino de la justicia, el amor y la compasión. Sin embargo, lo que entendemos más importante, es una noción de iglesia que fomente un cuerpo sumergido y parte de la sociedad, no separado de ella creando espacios de superioridad; una iglesia que se convierta en una fuerza transformadora para acompañar a otros en su proceso liberador.

Durante siglos, las religiones han empujado a los marginados y los que sufren a un sistema de opresión espiritual que, en lugar de la curar, condena; en lugar de liberar, encarcela. Frente a los marginados del siglo 21, como adictos, mujeres y niños abusados , ancianos/as y otras personas en lugar de desventaja, debemos sentirnos llamados a dar un paso hacia la presentación de una imagen de Jesús que libera, ama y dignifica al ser humano. Esta imagen debe ser una que ayude a reconstruir la imagen de sí mismo, al sentirse acompañado por un Dios que abraza nuestra humanidad tal cual es, y quien lo llevó con dignidad a la cruz para sanarnos, transformarnos y salvarnos; tanto en el ámbito temporal como escatológico. Esta imagen del Jesús de los evangelios debe ser central en nuestra nueva comprensión de iglesia. Esta imagen de Jesús puede llegar a ser palpable cuando construimos con deferencia y respetamos el mosaico de nuestra noción de iglesia donde cada tesela es indispensable e igualmente valiosa para el otro y la otra, independientemente de su tamaño, forma o color.

(Artículo traducido del ingles, publicado en Lupa Protestante)

[1] Existe información diversa acerca del origen de esta definición de Iglesia, unos la atribuyen a Calvino y otros a Lutero pero lo más acertado es que se encuentra en la Confesión de Augsburgo. (Bryan D. McLaren. A New Kind of Christianity: Ten Questions that are transforming the Faith. New York: Harper Collins. 2010. 5).

[2] Ted Peters. God-The Worlds Future: Systematic Theology for a Post-Modern Era.Minneapolis: Fortress Press. 1992. Kindle location, 3930.

[3] Ibid., 4585

[4] Ibid., 4579

[5] Avery Dulles. Models of the church. (New York: Doubleday. 2002), Kindle location 2961.

[6] Ibid., 2996.

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